Invocando a Max Weber en la opinión económica

Cuando me disponía a ver la publicación en el blog Haivanjoe.com del artículo que antecede a este me preguntaba con cuál de los temas que tengo en el tintero debo trabajar para la próxima entrega, llegando a la conclusión el que lleva por título la presente opinión.  Mientras eso acontecía una amiga abogada y también auditora gramatical me escribió por WhatsApp preguntándome, “¿Usted conoce personas que puedan hacer un estudio de impacto económico serio, responsable, que exprese la verdad (que responda a la realidad), totalmente transparente?”

Respiré profundo para responder, la razón obvia, soy economista, al menos así dice el título universitario. Mi reacción luego fue, si me pregunta es porque me descarta, a lo que ella, tal vez apresurada riposta con un prolongado no y agrega, “porque puede ser que usted se dedique a hacer análisis de economía y eso de impacto requiere descender al lugar y una serie de cuestiones”.

Su explicación me hizo entender que discriminaba entre análisis e impacto y ciertamente en ocasiones ocurre, lo que tal vez no advertía es la dialéctica que existe entre los estudios encargados y la convicción, parafraseando al eminente Max Weber, pues de saberlo no habría dicho que responda a la realidad.

En el ejercicio profesional/público me ha tocado hacer economía forense, como parte de un equipo multidisciplinario en labores de auditoria, pero sabía que no se refería a eso cuando dijo que lo de impacto requiere descender, pues para medir efectos la labor requiere auscultar, identificando y asociando variables y factores para medirlos como paso previo a la solución o medio de prueba, luego contextualizándolos, auxiliados con soportes teóricos si es necesario y luego explicarlos una vez se haya sistematizado la evidencia empírica.

El debate entre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad no es de este siglo, corresponde a principio del anterior, justo cuando Max Weber contrastó el papel del político en la sociedad; sin embargo, continua teniendo vigencia al día de hoy, justo la que trato de exportar hacia el ejercicio de opinión económica en el contexto de cómo ha cedido a la contaminación política y en menor grado a la empresarial, permitiéndome denominarla opinión económica encargada, equivalente a la ética de la responsabilidad.

Weber al contraponer las éticas de la convicción y responsabilidad, consideraba que la primera “se rige únicamente por principios morales y donde siempre y por encima de todo, se deben respetar estos principios…decir la verdad, independientemente de las circunstancias.  Por tanto la mentira, por más excepcionales que sean las circunstancias, siempre será un comportamiento ilícito, éticamente reprochable”.

Continua Max con la segunda, afirmando que “el criterio último para decidir ha de fundamentarse en la consecuencia de la acción.  O sea decir la verdad continua siendo el principio moral de referencia, pero no se puede aplicar de forma automática”.

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Exactamente eso le acontece a una parte del ejercicio de la economía.  Hoy día es difícil alcanzar una construcción valorativa neutral de la realidad y la opinión encargada, de estar sesgada que sea soportada por una evidencia empírica robusta, que incluso procure validación más allá del plano local.

Por eso los estudios en economía al expresar opiniones se orientan en la generalidad de los casos hacia la ética de la responsabilidad, dado que procuran tomar en consideración los resultados de la acción en función si favorece al encargo, en contraposición a la ética de la convicción que ata la opinión a principios y obligaciones morales indivisibles con la verdad sin importar las circunstancias.

Pero resulta que en la práctica el dilema presentado por Weber y el intento de resolución en el campo de la economía se ve contaminado por la influencia política en su ejercicio, en la que los actores acudiendo a la cobertura del pragmatismo, tal vez como mecanismo de resolución, bajo el argumento que tienen que ir al supermercado y además pagar cuentas, tienen que encargarse a sus clientes, momento en el que desaparece la ética de la convicción.

En el encargo de opinión profesional se hace viva la exclusión de la línea que separa la ética de la convicción de la ética de la responsabilidad, entonces los juicios ya no son propios, sino las que quieren escuchar sus contratantes o simplemente que defiendan a quienes le pagan; de ahí que, eso de que responda a la realidad un estudio solo será posible en la resolución de la dialéctica entre la utopía y la realidad y ese escenario tal vez solo acontece en el punto coincidente donde la opinión encargada sea la misma que la realidad y eso como casualidad a veces tiene categoría histórica.

Posiblemente el caso del jefe economista del Banco Mundial, Paul Romer, quien renunció a su cargo luego de la nebulosa creada a partir del cuestionamiento del gobierno chileno al estudio sobre el Ranking Doing Business que prepara ese organismo multilateral acerca a la posible manipulación de datos y cambio de metodología, pueda ser un buen ejemplo de ética de la responsabilidad/encargada vs ética de la convicción.

En cuanto a lo reprochable, siempre en la línea de Weber, en muchas oportunidades las opiniones económicas se visten de independientes sin serlo, ocultan sus identidades, conducta que equivale a reñir también con la ética de la convicción; por eso resulta más transparente opinar con sesgos después de conocidos pues al menos muestran su cara y está más cerca de la convicción.

Aunque existe una diferencia abismal entre el político y economista, el primero administra decisiones que afectan directamente a los ciudadanos, el segundo, administra recursos económicos escasos, ambos en sus labores pueden hacerlo para servir o para vivir de lo que hacen.

Justo en esa búsqueda podría situarse el punto de encuentro, donde se identifiquen matices que permitan evadir el uso de medios moralmente dudosos y resultados colaterales no deseados y se apueste a la postura de la ética del éxito, la que mitiga efectos negativos por medio de vehículos transparentes y promueva que la sostenibilidad de las decisiones dependerán de no generar y acentuar marginalidad social, esto se lograría alineando los medios a los fines. No olvidemos que el propio Weber reconocía que la verdad como principio no siempre se aplica automáticamente.

6 pensamientos en “Invocando a Max Weber en la opinión económica”

  1. Muy de acuerdo con usted. El Nobel Jean Tirole explica las acciones de un buen economista. Su compromiso con un diagnóstico apegado a la verdad.

  2. Siempre tan interesantes y profundos los artículos de Haivanjoe, excelente economista del cual aprendemos algo nuevo, te felicito

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